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El Inicio de Mi proceso

La noche que me arrodillé y lo cambió todo

Era abril de 2020. El mundo se hundía en el miedo afuera.
Yo me hundía en mi propio silencio adentro.

No recuerdo el día exacto. Pero sí recuerdo la sensación.

Tenía 39 años. Había seguido el guión que nos entregan
al nacer: estudiar, trabajar, casarme, producir, aparentar
y obedecer. A veces me sentía feliz. Me repetía que estaba
construyendo una vida estable. Pero en el fondo, había un
vacío que nada llenaba.

Una voz interior, que no era un pensamiento sino una
certeza, susurraba: «Esto no es lo que viniste a hacer.»

Hasta que una tarde, con el dolor más profundo que jamás
había sentido, me encontré sola. Sin amigos. Sin el ego
que me protegiera. Sin distracciones que me adormecieran.

Y en ese vacío absoluto, algo se rompió.

Me arrodillé en mi habitación. Levanté los ojos y hablé
con la fuerza de quien ya no tiene nada que perder.

Y entonces sucedió algo que no puedo explicar con palabras.
Solo puedo decirte que el velo se rompió. Y la respuesta
llegó — no en palabras, sino en una certeza absoluta.

Ese fue mi despertar.

Comprendí que la mentira más grande no estaba afuera.
Estaba dentro de mí: la ilusión de que estaba separada
de la Fuente.

Desde ese día nació todo. Los tres libros. Este sitio.
Este mensaje.

Si estás leyendo esto, no es casualidad. Quizás tú también
escuchas esa voz que dice que hay algo más.

Siempre lo hubo. Siempre lo habrá.

La chispa nunca muere.

— Silvia Esther Garibaldi
Panamá, 2026