
¿Alguna vez has escuchado a los Influencers de las redes sociales decir de manera repetitiva que la vida es solo un video-juego? Personajes influyentes sostienen que somos líneas de código corriendo en la supercomputadora de una civilización avanzada.
Esta idea, que parece fascinante en las películas de ciencia ficción, esconde un peligro ético profundo y una verdad invertida.
Cuando intentamos reducir la existencia a una pantalla, la realidad nos da un golpe de frente. ¿Cómo le dices a un niño o algún enfermo que sufren en un hospital que se lo tome con calma porque «solo es un juego»? No puedes. El sufrimiento y el dolor humano son demasiado reales como para rebajarlos a un simple parpadeo de píxeles. Ningún maestro espiritual auténtico a lo largo de la historia, como Jesús, habló jamás de juego. Ellos hablaban del espíritu, porque sabían que las cosas del mundo material intentan rebajar la chispa divina (el espíritu), que es quien realmente da vida a la materia.
Para entender el engaño, solo basta con observar quién creó a quién.
El origen del mito y la copia invertida
El mito moderno de que vivimos en un software nació en 2003 con el filósofo Nick Bostrom. Es el hijo moderno del «materialismo reduccionista». Es una trampa del ego histórico: cada vez que el ser humano inventa una herramienta compleja, se arrodilla ante ella. En el siglo XVII, con los relojes de engranajes, decían que el universo era un reloj mecánico. Hoy el ser humano, inventó la computadora y por el rumbo que vamos las computadoras quedarán controlando al ser humano.
Que en la actualidad utilicemos la analogía de la computadora para explicar la similitud que tiene este diseño con el ser humano en sí, no significa que el ser humano sea una computadora; pues el ser humano sí puede sentir, y una computadora no. Además, la computadora fue hecha en base al ser humano. Intentan degradar el diseño original usando una copia de nuestra propia biología:
- El Hardware copia al Cuerpo: Los ingenieros crearon el procesador (CPU) imitando el cerebro físico, y el disco duro copiando nuestros recuerdos.
- El Software copia a la Mente Egoica: Nuestra personalidad y creencias actúan como el Sistema Operativo. Basados en lo que vemos y escuchamos, vamos instalando «aplicaciones» mentales (miedos, traumas o certezas, programas) que se ejecutan automáticamente desde nuestra niñez.
Pero una mente —o un software— no existe sin energía. La mente no funciona en el vacío. Es solo el receptor a través del cual el ser humano capta la energía pura y la traduce en creencias, pensamientos, emociones y acciones, con base en lo que ha visto, escuchado y experimentado a lo largo de su vida.
La verdadera cárcel es de Frecuencia y Vibración
Lo que los tecnólogos no comprenden es que la simulación no es informática: la simulación es mental. La verdadera prisión no es de silicio ni de cables; es una cárcel de frecuencia y vibración desde nuestra mente psíquica, la energía no porque esta es libre.
Debemos entender claramente qué es eso que llamamos mente: es simplemente la capacidad cognitiva de la psiquis del personaje para ejercer sus funciones vitales, animando la estructura biológica del cuerpo humano para albergar la vida, la cual es la energía del Espíritu. A través de este mecanismo, el cuerpo físico ejecuta procesos terrenales como creer, pensar, sentir, comer o llorar, trabajar relacionado con lo que ve, escucha y experimenta dentro del plano material en su entorno.
Esta capacidad cognitiva de la mente, que a través de la psiquis anima el cuerpo a través del personaje, funciona como un magneto, un imán electromagnético que jala la energía mientras vivimos. Según el inventario de lo que creemos, pensamos, sentimos y actuamos desde nuestra niñez, calibramos la carga de este imán, determinando la frecuencia y vibración con la cual moldeamos nuestra realidad material. Quien simula todo es el personaje llamese María, Juan o Silvia en base a lo que cree. Cuando piensa que solo existe este plano denso, ignorando por completo que dentro de sí alberga la verdadera vida que da vida (esp;iritu).
La mente humana funciona como un sintonizador de radio que calibra tus creencias. El espíritu (Nous) es la energía original que incluye ; es la mente espiritual donde se origina todo, pues esta sabe, lo cual es totalmente diferente a la psiquis terrenal. Cuando la mente psíquica del personaje está programada para vibrar en frecuencias bajas (miedo, escasez, dolor), el imán jala la energía pura neutral y la deforma, haciéndonos sintonizar una realidad densa, restrictiva y con una falsa felicidad. Esta es solo el resultado de momentos felices pasajeros debido al apego a las cosas materiales, a la familia y a las personas, olvidando nuestro verdadero origen. Nos encierran en una frecuencia y nos hacen creer que esa es la única verdad. El sistema aróntico se alimenta de ese bucle vibracional, parasitándonos a través del olvido.
Por eso, llamar a la vida «un juego» es una absoluta ignorancia. Si lo fuera, conoceríamos las reglas desde el principio y elegiríamos ignorarlas o seguirlas voluntariamente, por lo cual en este plano no existe l libre albedrio para quién está apegado a la materia.
Aquí nacemos bajo un velo de amnesia, enfrentando un dolor humano desgarrador que ninguna máquina podrá experimentar jamás. Una computadora puede calcular los grados centígrados del fuego, pero jamás sentirá la quemadura. La máquina procesa; el ser humano ES.
Esta cárcel mental opera distorsionando la famosa frase de Nikola Tesla: «Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración», en ese orden exacto. El sistema actual promueve hablar de frecuencia y vibración a secas; despojar a la fórmula de la Energía original —que es el Espíritu— es la gran trampa que se difunde hoy en día para dejarnos sin el motor creador y mantener al personaje atrapado en el bucle mental.
Para no caer en el intelectualismo ciego, debemos corregir y definir con precisión real cómo opera este bucle dentro del personaje:
La Energía es el Espíritu (La Fuente de Vida): Es la Chispa Divina atrapada en la materia que le da la vida al personaje. Es la corriente neutral y pura que brota de la No-Forma. Sin esta Energía original, la estructura biológica sería solo un contenedor inerte y el software mental no tendría electricidad para correr. La mente psíquica no crea energía; solo la consume y la deforma.
- La Frecuencia es lo que piensas de forma constante en tu mente (El Software): Es la repetición mental de tus programaciones arraigadas desde la niñez. Si desde pequeño te repiten y te instalan la creencia de «tú eres pobre», ese pensamiento se convertirá en el software que corre de manera automática e ininterrumpida en tu psiquis. Esa insistencia repetitiva del pensamiento es tu frecuencia fija.
- La Vibración es el estado emocional del contenedor (El Sentir): Es el resultado físico de esa frecuencia mental. Al sostener de manera constante el pensamiento de escasez o de miedo, tu cuerpo y tu psiquis se calibran en esa misma sintonía, somatizando una densidad pesada y restrictiva en el plano material.
En resumen: la frecuencia es el programa mental repetitivo implantado en tu niñez, y la vibración es el impacto emocional denso que ese pensamiento genera en tu cuerpo. La persona se estanca porque el software del miedo paraliza su voluntad, obligando al personaje a actuar siempre bajo el mismo bucle del olvido.
El engaño del mentalismo ciego
Aquí es donde caen también filosofías antiguas como el Kybalión, que afirma que «El Todo es Mente». Inclusive este personaje que escribe estuvo atrapado en esa creencia en su momento, pero ahora que me he ido a lo más profundo dentro de mi ser, he podido observar este hilo de la Matrix y los Arcontes. Al igual que los tecnólogos de Silicon Valley, estas corrientes endiosan la herramienta y olvidan a la verdadera Fuente. Si el «Todo» fuera solo mente, el universo sería una estructura congelada, un software apagado sin electricidad. ¿Qué mueve a la mente para creer, pensar, sentir y accionar? sino la energía pura del Espíritu
Debemos separar claramente dos dimensiones que el mundo confunde:
- La mente psíquica (El ego): El intelecto que calcula, que acumula miedos y memorias del pasado o del futuro. Con ella puedes crear en este plano, pero creas desde la amnesia, ignorando quién eres realmente.
- La Mente Divina (El Nous): La chispa de consciencia pura, el intelecto superior conectado a la Fuente. El Nous no opera bajo la fría lógica binaria de una máquina, sino a través de la Sizigia: el equilibrio perfecto de las polaridades que sostienen la creación (femenino/masculino). El Nous sabe; no es como la mente psíquica que dice «creo», pues decir «creo» es dudar. El Nous experimenta la certeza absoluta del Ser. En el plano del Espíritu, esta unión es inseparable; sin embargo, cuando el Espíritu duerme dentro de la Matrix, el impulso creador (la polaridad masculina) cae en amnesia, operando dormido y creyendo que es la mente psíquica, ignorando su verdadero origen. Es ahí cuando Eva —la intuición, el sentir profundo— se activa para despertarlo. Esta unión sagrada y el equilibrio de la Sizigia no se buscan fuera; se ejecutan y se consolidan dentro del propio personaje, a diferencia de la mente psíquica que nos controla por completo mientras mantengamos al Espíritu ignorado.
Gnosis viva: El día que vencí al mayor de los miedos
Muchos repiten estas palabras desde el intelecto, pero la verdadera liberación solo llega cuando el personaje camina por su propia oscuridad, sus miedos, sus creencias . En mi propio proceso, el dinero —o mejor dicho, el temor absoluto a quedarme sin él— era la cadena más pesada que mi mente psíquica utilizaba para controlarme.
Y el día llegó. Me quedé sin dinero. El peor escenario proyectado por el software metal del miedo se manifestó en el plano material. Pero en lugar de la destrucción que la mente me auguraba, ocurrió el milagro del despertar: ese día me liberé de todos mis miedos.
Cuando el personaje ya no tenía nada que perder, la carga negativa de ese imán cognitivo se rompió. Algo en mi interior más profundo —el verdadero Nous— emergió para reconfortarme con una paz, certeza que el mundo material no puede dar. Y a partir de ese instante este personaje se rindío de manera absoluta al Espíritu, la provisión siempre llegó y se manifestó de formas perfectas hasta el día de hoy. No caí al vacío; caí en la red de la Fuente original.
Esa era una de mis creencias la otra era que no podía estar sola, que debía tener un hombre o la media naranja como dicen para ser completa y al quedar sola pude reconocer y transcender esa creencia, disfrutar de mi propia soledad, les digo algo con el tiempo lo amé, ahora se que puedo estar sola y puedo estar con alguien lo he vivido en carne propia.
El Samsara y la Postura del Transeúnte
Es exactamente así como opera la rueda del Samsara. Un ser que vive en este plano identificándose exclusivamente con la materia y sus programas del pasado o del futuro, genera una densidad tan pesada que se encadena magnéticamente a la simulación. Al quedar atrapado en el pánico a la pérdida y en el tiempo lineal, el personaje se desconecta de la Fuente eterna. Al morir el cuerpo, esa consciencia que ignoró su origen divino es arrastrada por su propia gravedad vibratoria de vuelta a la rueda, obligada a repetir el ciclo.
Por eso, llamar a la vida «un juego» es de una absoluta ignorancia. Aquí nacemos bajo un velo de amnesia, enfrentando un dolor humano desgarrador que ninguna máquina podrá experimentar jamás. Una computadora puede calcular los grados centígrados del fuego, pero jamás sentirá la quemadura. La máquina procesa; el ser humano ES.
Tomar consciencia de sí mismo no es ganar una partida en un tablero virtual; es un acto de emancipación vibracional absoluta. Es elevar la frecuencia a través de la Gnosis viva del Espíritu para romper los barretes invisibles de la psiquis colectiva. Al final, la llamada «simulación» es strictly mental y les pertenece a sus creadores, quienes se parasitan de nuestra energía a través del miedo, el sufrimiento, la falsa felicidad y los apegos. Está en tus manos dejar de ser el alimento, romper el software y crear tu realidad desde la libertad absoluta de tu Ser.
El ser humano automatizado (en estado hílico) no es un software vacío; es un hermano con Espíritu bajo el efecto de una amnesia profunda. El verdadero Transeúnte camina por el mundo sin engancharse al drama y protegiendo su energía. Sabe que la verdadera Gnosis no es un conocimiento intelectual ni un dogma que se lee en foros, sino la revelación íntima, viva y experimentada de nuestra naturaleza divina. Por eso, desconfía de las estructuras externas y recuerda que la única liberación real brota desde el interior de la No-Forma.
Así lo hacía Yeshua: él caminaba con lucidez, entregando el mensaje con profundo amor neumático. Sabía que incluso sus propios discípulos murmuraban, desconfiaban y no comprendían sus palabras, pero jamás los juzgó ni forzó sus procesos. Él entendía a la perfección que, tarde o temprano, en su propio tiempo cósmico, cada Chispa terminaría por recordar.
Escrito por: Silvia Esther Garibaldi