En el tablero del famoso juego de la matrix se nos ofrece constantemente una dualidad (bueno-malo), un ejemplo de tantas trampas que existen en esta realidad. Sin embargo, hay algo oculto en esta aparente elección por «libre albedrío». La realidad es que, independientemente del bando que elijas, tú pierdes y el orden establecido gana.
Para comprender cómo funciona este mecanismo de control, debemos analizarlo detalladamente.
1. El condicionamiento de la mente inconsciente
En primer lugar, la mente humana está condicionada a eventos externos que observaste y escuchaste desde la niñez. Por lo tanto, tus creencias y, por ende, tus pensamientos, emociones y acciones estarán determinadas por ese entorno específico.
Esto ocurre de manera inconsciente (sin gnosis), sin que tú conozcas que opera de esta manera. Al estar completamente condicionado por lo externo, el concepto tradicional de libertad desaparece.
2. La falsa libertad de nuestras decisiones
Si fracasas en un examen por no estudiar, el entorno te dirá: «Es tu culpa, decidiste no estudiar». Ahora, si estudias, estás con los nervios de punta porque la mente te hace dudar, ya que todos tus compañeros tienen miedo de salir mal. Observa claramente cómo en las dos situaciones la mente actúa, sea que salgas bien o salgas mal.
O si fuiste a un médico porque te lo recomendaron y no mejoraste tu enfermedad, llega la culpa y te dices a ti mismo: «Tú lo elegiste desde tu libertad». Pero, ¡ojo!, no fue desde tu libertad, fue porque alguien te lo dijo. Claramente no es libertad cuando tu decisión tiene como base a todo lo que concierne al mundo externo.
3. El apego material como cadena
Como tercer punto, tenemos el apego a las cosas del mundo material. Si estás apegado a ellos, te pregunto sinceramente: ¿Tú crees que eso es libertad? ¡No! Porque una vez que pierdes lo material llega el sufrimiento, y nuevamente te dicen: «Es tu culpa, tú lo decidiste así».
4. El «Loosh»: El verdadero negocio del sufrimiento
La culpa, el sufrimiento y el apego que experimentas no son fallas aleatorias; son el objetivo exacto del juego. El sistema arconte es parasitario y se nutre de una energía emocional de baja frecuencia llamada Loosh.
Cuando caes en la trampa de creer que elegiste «mal» por libre albedrío, la culpa te carcome por dentro. Esa angustia, ese remordimiento y el dolor por el apego material son el alimento energético que estas entidades ordeñan de ti. Las reglas están hechas para que falles, porque tu derrota es su banquete. Mientras sigas sintiéndote culpable, sigues siendo su fuente de energía.
5. La Tercera Opción: Salir del tablero del sistema arconte
Debemos tener claro que no existe la verdadera libertad mientras estés apegado a la materia. Por eso es importante conocer cómo opera el sistema arconte y sus reglas. Si ignoras todo esto, ¿cómo puedes salir de su tablero? ¿Cómo cambia el escenario sin que este te afecte?
Esto sucede cuando recuperas tu libertad interna:
- Te conviertes en el observador del juego.
- Dejas de identificarte con el personaje.
- Retiras la atención de la materia.
- Le quitas por completo el combustible a la entidad.
Si no hay identificación con el ego, la culpa sistemática ya no tiene a quién aferrarse. En este punto sucede la magia: la materia se reordena ante tu cambio interno.
Conclusión: El despertar del ser espiritual
Si el bando «bueno» y el bando «malo» pertenecen al mismo creador del juego, la solución jamás será elegir un bando. La única salida real es la Tercera Opción: dar un paso atrás, dejar de jugar y observar el tablero desde afuera. Esto se logra a través de la neutralidad absoluta y la Libertad Interior.
Al entender que tus decisiones externas estaban condicionadas por el entorno desde tu niñez, dejas de juzgarte. Al retirar el apego a la materia, rompes los hilos de la marioneta. No pelees contra las fichas del tablero; conviértete en el observador conciente (gnosis interna) que reconoce que el juego es una ilusión. Ahí es donde el sistema arconte pierde su poder sobre ti.
En resumen: el verdadero «libre albedrío» es un estado del SER cuando este se desapega de la materia; es decir, se vuelve un transeúnte: está en el mundo, pero sabe que no pertenece a él. Eso se logra cuando el ser espiritual despierta dentro de este plano material y reconoce con total claridad qué es lo que lo ata.
Escrito por Silvia Esther Garibaldi