
En el tablero del famoso juego de la Matrix/Arconte se nos ofrece la dualidad (bueno-malo), un claro ejemplo de tantas polaridades que existen en esta realidad. Sin embargo, hay algo oculto en esta aparente elección por el llamado «libre albedrío». La realidad es que, independientemente del bando que elijas, tú pierdes y el orden establecido gana. No puede haber libre albedrío cuando se está apegado a la materia (la vida, las relaciones, los hijos, el dinero, las cosas materiales) sin saber quién eres realmente.
El respaldo histórico del engaño: El Libro Apócrifo o Gnóstico de Juan
Esta verdad sobre la falsa dualidad y el saqueo energético no es nueva; fue revelada hace milenios por Yeshua en el Apócrifo de Juan (uno de los textos gnósticos más importantes de Nag Hammadi).
En este manuscrito prohibido, Yeshua le revela a Juan que el primer gobernante arconte (Yaldabaoth), en su intento por contaminar la pureza de la chispa divina, ultrajó a la Eva terrenal. De ese acto nacieron dos entidades arquetípicas que el sistema vistió con apariencia humana: Elohim y Yahvé.
Para engañar por completo a la humanidad, el sistema les cambió los nombres y los presentó en la historia como Caín y Abel. A uno se le otorgó el dominio sobre el fuego y el aire, y al otro sobre el agua y la tierra. El texto gnóstico aclara que estas dos fuerzas arcónticas fueron puestas a cargo de los elementos físicos y de la mente egoica con un único propósito: gobernar la tumba, que es nuestro cuerpo físico y la materia densa.
Al hacernos adorar o polarizarnos con estas fuerzas duales (presentadas bajo el mito de la culpa y el castigo), la Matrix nos obliga a alimentar el motor que sostiene la simulación. La salida de «la tumba» no es física; consiste en retirar nuestra energía de ese conflicto elemental y despertar al Espíritu inmutable.
Para comprender cómo funciona este mecanismo de control, debemos verlo de la siguiente manera:
1. El condicionamiento de la mente inconciente
En primer lugar, la mente humana está condicionada a eventos externos que observaste y escuchaste desde la niñez. Por lo tanto, tus creencias y, por ende, tus pensamientos, emociones y acciones, estarán determinadas por ese entorno específico.
Esto ocurre de manera inconsciente (sin Gnosis), sin que tú sepas que funciona de esta manera. Al estar completamente condicionado por lo externo, el concepto tradicional de libertad desaparece.
2. La falsa libertad de nuestras decisiones
Si fracasas en un examen por no estudiar, el entorno te dirá: «Es tu culpa, decidiste no estudiar». Ahora, si estudias, estás con los nervios de punta porque la mente te hace dudar, ya que todos tus compañeros tienen miedo de salir mal. Observa claramente cómo en las dos situaciones la mente actúa, sea que salgas bien o salgas mal.
O si fuiste a un médico porque te lo recomendaron y no mejoraste tu enfermedad, llega la culpa y te dices a ti mismo: «Tú lo elegiste desde tu libertad». Pero, ¡ojo!, no fue desde tu libertad, fue porque alguien te lo dijo. Claramente no es libertad cuando tu decisión tiene como base todo lo que concierne al mundo externo.
3. El apego material como cadena
Como tercer punto, tenemos el apego a las cosas del mundo material. Si estás apegado a ellas, te pregunto sinceramente: ¿Tú crees que eso es libertad? ¡No! Porque una vez que pierdes lo material llega el sufrimiento, y nuevamente te dicen: «Es tu culpa, tú lo decidiste así».
4. El «Loosh»: El verdadero negocio del sufrimiento
La culpa, el sufrimiento y el apego que experimentas no son fallas aleatorias; son el objetivo exacto del juego. El sistema arcóntico es parasitario y se nutre de una energía emocional de baja frecuencia llamada Loosh.
Cuando caes en la trampa de creer que elegiste «mal» por libre albedrío, la culpa te carcome por dentro. Esa angustia, ese remordimiento y el dolor por el apego material son el alimento energético que estas entidades ordeñan de ti. Las reglas están hechas para que falles, porque tu derrota es su alimento. Mientras sigas sintiéndote culpable, sigues siendo su fuente de energía.
Por el contrario, cuando eliges «bien», el ego del personaje se agranda. La verdadera libertad radica en comprender que si elegiste bien o mal, eso no va a definir quién eres realmente en esencia. Tu esencia es Espíritu, sea que esté dormido o despierto, y la esencia es inmutable. Le toca al Ser espiritual tener su resurrección en este plano mientras habite al personaje.
5. La Tercera Opción: Salir del tablero del Sistema Matrix/Arconte
Debemos tener claro que no existe la verdadera libertad mientras estés apegado a la materia. Por eso es importante conocer cómo opera el sistema Matrix/Arconte y sus reglas. Si ignoras todo esto, ¿cómo puedes salir de su tablero? ¿Cómo cambia el escenario sin que este te afecte?
Esto sucede cuando recuperas tu libertad interna:
- Te conviertes en el observador del juego.
- Dejas de identificarte con el personaje.
- Retiras la atención de la materia y su dualidad.
- Le quitas por completo el combustible a la entidad.
Si no hay identificación con el ego, la culpa sistemática ya no tiene a quién aferrarse. En este punto sucede la magia: la materia se reordena ante tu cambio interno.
Conclusión: El despertar del Ser espiritual
Si el bando «bueno» y el bando «malo» pertenecen al mismo creador del juego, la solución jamás será elegir un bando. La única salida real es la Tercera Opción: dar un paso atrás, dejar de jugar y observar el tablero desde afuera. Esto se logra a través de la neutralidad absoluta cuando el Espíritu despierta y recuerda en este plano.
Ojo con lo que digo: no solo se trata de despertar. Si el Espíritu despierta y se queda admirando las rejas de la jaula mental y sus teorías, no avanza. El Ser debe ir más a fondo para poder observar este entramado, y esto solo se da cuando trasciende el ego y se desidentifica del personaje.
Al entender que tus decisiones externas estaban condicionadas por el entorno desde tu niñez, dejas de juzgarte. Al retirar el apego a la materia, rompes los hilos de la marioneta. No pelees contra las fichas del tablero; conviértete en el observador consciente (Gnosis interna) que reconoce que el juego es una ilusión. Ahí es donde el sistema arcóntico pierde su poder sobre ti.
En resumen: el verdadero «libre albedrío» es un estado del SER cuando este se desapega de la materia; es decir, cuando se vuelve un transeúnte. Está en el mundo, pero sabe que no pertenece a él. Esto se logra cuando el Ser espiritual despierta y recuerda dentro de este plano material, reconociendo con total claridad qué es lo que lo ata.